Trafalgar Square es una de las plazas más conocidas y visitadas de Londres no solo por turistas sino también por locales. Este céntrico lugar ha sido y continúa siendo hoy en día un espacio de encuentro donde el público y sociedad ha celebrado, denunciado y expresado su opinión en incontables ocasiones incluyendo desde protestas a favor de la paz y en contra de las armas nucleares en 1961, hasta los eventos organizados alrededor de las futuras Olimpiadas en Londres 2012 anunciadas en el año 2005.



La polémica ya está en las calles, y nunca mejor dicho ya que a cualquier hora del día el espectáculo se encuentra en Trafalgar Square, nadie sabe qué propósito tendrá el siguiente participante y eso eleva mucho la expectación pública, de hecho ya han habido poetas, cuenta-cuentos, combativos contra el cambio climático e incluso peticiones de matrimonio.

El último trabajo de esta artista cacereña muestra vehículos que se han cruzado en sus vidas, coches casas, coches emblema, furgonetas de reparto y otras piezas móviles claves para una vida “no anclada“, una vida libre, una vida sin atadura, todo con sentimiento, coherencia y discurso. Amigos, un placer presentaros a Abigail Narvaez.



“La forma de les coses” es una historia sobre amor, arte, amistad y engaño. Adam (Marc Rodríguez, pero durante unos días interpretado por Julio Manrique) es un chico solitario, feo, con poca gracia, culto, trabajador (vigilante de un museo) y acomplejado que conoce a Evelyn (Mireia Aixalà) una chica entusiasta, con iniciativa, alegre, inteligente (se está doctorando en arte), alocada y con mucho (mal)carácter. Elipsis. Evelyn y Adam son pareja. Él está en el séptimo cielo pero no entiende qué hace una chica tan fantástica y bonita con él, un pobre y feúcho Don Nadie. Pero Evelyn es plenamente feliz con el vigilante de museo, su vertiente intelectual la llena y quiere saberlo todo de él: “Per què em fas tantes preguntes?”, dice Adam, “Perquè em despertes curiositat”, contesta ella. Y parece ser que, además, la atracción no falta.
A Rosa Figuls la conocimos por una buena amiga quien nos habló de la capacidad de esta artista por condensar, a través de pinturas, collages y relieves, conceptos complicados, mundos irreales y conclusiones que tratan de esbozar el mundo en el que vivimos. Decidimos buscar info sobre ella, quedamos enamorados de sus grandes lienzos, su rojo intenso, sus palabras de periódico entre pinceladas, sus ganas de plasmar el concepto “caos” y su buena declaración de intenciones.



El evento se celebró los pasados 19, 20 y 21 de diciembre en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) y contó con la presencia de muchos artistas y de un amplio público.
“Drap Art es una asociación fundada el año 1995 sin ánimo de lucro que promueve el reciclaje creativo con la organización de festivales, exposiciones y talleres”. Así se definen y así son. Los artistas que integran este movimiento re utilizan materiales en apariencia inservibles para elaborar pequeñas obras de arte.



Las gradas del Espai Lliure (curiosa coincidencia entre el nombre del espacio y la temática de la pieza) resguardan el cuarto de Anna Freeman. Allí se suceden divagaciones sobre el amor, la libertad dentro de una pareja, las reglas del juego del querer y del amar (a uno mismo y a los otros), los límites que se deben y/o pueden imponer, las esperanzas y expectativas que se crean y el miedo/terror/refuto/avenencia a formar parte del engranaje que la sociedad ha ideado alrededor de la familia y sus miembros. Todas las tramas y los temas que se exponen e intuyen tienen un único punto de partida y de final: la lucha. Así lo explica Subirós: “La lucha es la esencia de esta pieza, la lucha por la libertad en su forma más elemental y a la vez más contradictoria: en una relación de amor. Qué significa atarse a una persona. Qué significa ser libre dentro de una relación”.


Aquí tienes un pedacito y en culture.tendencias.tv el resto, ¿ready?

3 escenarios distintos. 3 trajes. 3 composiciones. 8, 6 y 6 bailarines.
Un árbol boca abajo frente a un fondo negro; una foco colgante que le va rodeando mientras ocho Ícaros se deslizan por el suelo al son de la música. Sutiles, frágiles como las alas enceradas de Ícaro que al acercarse al sol se deshacen. Wings of wax. Ellos, en pares, tríos, todos juntos o en solos se dejan iluminar por el foco que les envuelve. Se deslizan por el suelo sensualmente experimentando el proceso del movimiento. Sin prisa, lentamente, al compás de unas notas de piano estiran el muslo, luego el glúteo y finalmente los dedos del pie. Una punta perfecta, una pierna esbelta, una postura clásica impecable que es retirada con fuerza para pasar a un movimiento brusco de caderas; un constante diálogo entre las parejas. Son esculturas vivientes que entrelazan unas piernas con otras, unos brazos elásticos recogen una mano que a su vez empuja un cuello que a su vez impulsa una grand arabesque interminable. Se trata de posturas técnicamente perfectas de ballet clásico pero interpretados con una fuerza contemporánea. Una coreografía estética que eriza cualquier pelo del cuerpo y te eleva a la máxima contemplación donde tu cuerpo se ve atraído por la sincronización perfecta de los cuerpos que se rozan y se escuchan. Los movimientos verticales se rompen con las gestos orgánicos que seducen al espectador por su belleza y composición en el escenario. Un todo poético que se cuela por la retina del espectador.

