
Siempre pensé que las galerías escondidas dentro de un edificio eran propiedad de San Francisco. Famosas son sus exposiciones donde uno sube y baja en ascensor, donde uno entra mientras el vecino sale.
Verdad es que en Tokio proliferan los espacios de arte escondidos entre casas y edificios, más allá del pie de calle; pero es que en Japón tiendas, bares, galerias y demás curiosidades salpican edificios, plantas y azoteas.
Es entonces cuando uno cae en la cuenta que las particularidades que creemos típicas de
una ciudad no son tan autóctonas como uno puede pensar. Sea por la globalización, la manera que tienen las ciudades de crecer (obervando e imitando) o porque lo bueno siempre funciona (¿por qué será que en Barcelona o Madrid aun encontramos pocas galerias en edificios? ¿será que no observarmos? ¿será que no copiamos?).
Entonces, al moverse por el mundo del arte es común que, para visitar una exposición o conocer un artista, uno debe entrar en un edificio, llamar al ascensor y cruzar un pasillo, que a modo hotel, enumera elegantemente realidades cerradas.
En Nueva York, en la ribera de Central Park, donde los museos conquistan los cruces y se alza un imperio de lujo y high-heel uno tropieza, sin saberlo, con edificios que esconden, entre viviendas, grandes obras de arte, propuestas difíciles de encontrar y un arte que nadie diría que se esconde en el octavo segundo. Es el caso de la referente Gagosian Gallery, emergente, pulcra, transgresora y non-populus.
Eso es lo que se debían preguntar los chicos de Design Sponge cuando empezaron a sorprendernos con su sección What’s in your toolbox.
Toda una declaración de intenciones con la que su autora, Ginny Branch Stelling, pretende (y consigue) indagar en la intimidad de artistas de lo más variado.

Quizás movida por la emblemática declaración de Picasso con la que confesaba que la inspiración le sorprendía sólo cuando trabajaba, Ginny irrumpe de una manera genial en los talleres de los artistas retratando su modus operandi y logrando con sus entrevistas verdaderas confesiones de autor. Como ese “Fill in the blank” con el que cierra todas sus posts y que nos desvela los “feelings” más íntimos de cada uno de los artistas mientras trabajan en su estudio.
Pero aún hay más. Design Sponge es una auténtica fábrica creativa en la que no podemos pasar por alto secciones como “Living in”. O lo que es lo mismo: su particular visión del diseño en películas emblemáticas como Annie Hall, Dirty Dancing o Las vírgenes suicidas. Propuestas decorativas inspiradas en el cine y reinterpretadas con muy buena vista desde la inconfundible óptica de Design Sponge. Una sección temporal pensada para locos y no tan locos del interiorismo que esperamos no tarden mucho en retomar.
Fresca, diferente, sin pretensiones, original e innovadora, es de esas webs en las que da gusto perderse y dejarse llevar por nuestra vena más cotilla e inquieta.
Nosotros les seguiremos de cerca, y tú?

Las Ferias de Arte Joven nos fascinan. Y si son itinerantes ganan puntos. Los carruseles nos atraen y el barrio de El Caballito en Buenos Aires, es donde nos gusta perdernos, encontrarnos y buscarte cuando paseamos por la capital argentina. Ahora se juntan diez artistas y bajo el mismo marco exponen, musicalizados, el sábado y el domingo! Nos cae un poco lejos, pero nuestros amigos que caminan alrevés no faltarán, así que si por casualidades, andarás por allá ya sabes. ¿Te acuerdas de las fotos de Desbats?

¿Hace cuánto que no enviáis una carta?, ¿Hace cuánto que no recibes una postal? Si bien, los e-mails nos acercan de la manera más rápida conocida hasta hoy… han dejado que el encanto de recibir un sobre postal se minimice.
Es por ello que cuando nos enteramos del trabajo de “Arte por correo” nos encantó la idea, éste fue un proyecto artístico que tuvo como protagonista la gráfica de jóvenes creadores a largo de 9 meses; en los cuales se fueron gestando muestras gráficas a manera de formatos enviables por medio del correo, donde cada uno de los participantes seleccionados… mes con mes tenían que darse a la tarea de enviar una creación-postal a un desconocido, y por correo también… recibir la subsecuente.






Y mientras propone diferentes maneras de concebir, consumir y entender el arte, levanta y anima un barrio: Legazpi, que lo recibe con las manos abiertas. Y es que MATADERO no sólo pretende estimular la creación, ser sede de diferentes festivales, festivalines y conciertazos (esta semana estaba el SISMO, donde nuestros amigos de MAPAdejarón el pabellón bien alto con una instalación de grandes flechas naranjas) sino que se abre al barrio y al público masivo. Tiene una zona, el Terrario, donde además de té gratuito para todos, hay ordenadores, wifi y hasta un lugar para que tú o tus colegas de trabajo podáis ir a presentar lo que querías, ya que hay sofas, sillas y proyectores de libre uso. Además una zona con mesas de pinpon, grandes pizarras y ordenadores con juegos y demás aplicaciones de opensource.
Me encantan las casualidades. Hace días que quería escribir sobre Tavi, la nena de 13 años que se pone cosas maravillosas en el pelo, sobre la última colaboración de Damien Hirst para Louis Vuitton y sobre la estratégia que tiene la versión online de la revista POP para buscar / cazar sus colaboradores para su blog. Pues todo se entremezcla. Igual nada te sueno nuevo pero tal vez descubres alguno de los cruces. Entonces:
- Louis Vuiton presenta unas piezas creadas por el polifacético Damien Hirst, Annie Leibovitz y Marc Jacobs que se subastarán para recaudarán dinero para Cruz Roja. Me quedó con el bolso, que será todo un deseo para algún fotógrafo caprichoso que quiere tener una bolsa única (y de paso ayudar a realzar la fama, pues en este caso no la economía, de Leibovitz).


A Murakami, el artista, ya que hay quien, al escuchar el nombre primero piensa en el escritor, le tengo un amor-odio de esos que llaman la atención. Sus obras me seducen de la misma manera que sus colaboraciones con Louis Vuitton me despistan, pero igual, es exactamente esa sensación warholiana la que pretende conquistar, a base de confusión, a pequeña despistadas como yo. Un amigo, referente en muchos temas, me enseñó una camiseta que se quedó tras visitar la expo del artista japonés en el Guggenheim en Bilbao y reconozco que me abrió el gusanillo de pasear frente una de sus exposiciones. Recientemente visité su país y pensé que tal vez la casualidad haría que me encontrará su arte en alguna expo que lo ensalza a popular, en alguna galeria perdida cerca del Watari Museum que lo convirtierá, aun, en indie o presentará una “obra inédita”.


