escrito por descalzael 24-09-2009
sin comentarios| categoría: Arte Contemporáneo

A Murakami, el artista, ya que hay quien, al escuchar el nombre primero piensa en el escritor, le tengo un amor-odio de esos que llaman la atención. Sus obras me seducen de la misma manera que sus colaboraciones con Louis Vuitton me despistan, pero igual, es exactamente esa sensación warholiana la que pretende conquistar, a base de confusión, a pequeña despistadas como yo. Un amigo, referente en muchos temas, me enseñó una camiseta que se quedó tras visitar la expo del artista japonés en el Guggenheim en Bilbao y reconozco que me abrió el gusanillo de pasear frente una de sus exposiciones. Recientemente visité su país y pensé que tal vez la casualidad haría que me encontrará su arte en alguna expo que lo ensalza a popular, en alguna galeria perdida cerca del Watari Museum que lo convirtierá, aun, en indie o presentará una “obra inédita”.

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Pero más allá del ya icónico y fotográfiado mural que tiene en Takehista street resulta que me lo encontré en un lugar más cercano. Murakami aterrizó en Ibiza con una expo cuyo título y cartel promocional, parecían refererirse, por el estado de la cuestión y la rareza de su exposición en la isla Balear, a una inmobiliaría que se aferraba a un slogan fácil. Superflat y con letras minúsculas (en las que no percaté pues pensé sería la dirección donde dirigirme a buscar el super piso) New Pop Culture. Entonces, todo empezó a coger forma y sentido. La expo, lejos de lo que he podido leer de muchas otras, con una presentación rozando por los pelos lo correcto, sirvió para acercar a un público de paso (que estaba de vacaciones), a los artistas que residen en Ibiza y a despistados, el concepto como Murakami entiende el arte y su concepto de Superflatque vendría a ser el Superflat. Ese mundo plano (flat) que puede leerse, disfrutarse o “entenderse” desde cualquier punto que se mire. Así que de otra manera a la que esperaba, pero igual casi al mismo tiempo de lo previsto, me encontraba frente ese mundo que mezcla lo japonés con los mangas y el animé, el color con la imaginación y la copia, con la crítica de su misma sociedad. Al salir del Centre Sociocultural S’Alamera, en pleno Ibiza centro, me vi enfrascada en divagaciones que buscaban diferenciar las sensaciones en el observar, disfrutar, entender o “consumir” el arte en distintos lugares (un Pompidou versus el Centre Cultura s’Alamera, por ejemplo!). Pero fue al final, donde recalé en que lo importante, era, sin duda alguna, que había podido gozar de lo que quería descrubir, aunque fuera, sin ir tan lejos, como cruzando mi tierra natal.



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