Rabbit Hole es pura magia creativa. Una mente conecta “cracks” “around de world” y cuece que divagen en común. Todo en base a creaciones conjuntas. Esta vez, en Barcelona, una cena experiencia. 12 comensales, escogidos por la maestra de ceremonias. Cada uno, con algo en la cabeza y con un plato de cena (para 12) que describiera a uno mismo. Una hora de llegada, un cartel en la entrada (véase la foto) y un lugar para ir dejando los platos que cada cual traía. Cada invitado un vaso diferente (según el muñeco escogido en la entrada). Un bol de cereales, vasos glamourosos o chupito “shoots” para beber durante toda la noche. Presentaciones, un networking espontaneo y “of course” carrots para empezar, con 4 salsas de colores (rosa, verde, negra y marrón, esta última, dulce de leche).
A partir de aqui, todos de pie, alrededor de la mesa, cada cual con su vaso, taza, copa y un plato tras otro. Servidos de manera dispar al probar cada una de las delicias se anotaban las sensaciones, adjetivos y demás ideas que venían a la mente al saborear un autoretrato hecho cena. Brochetas con pétalos de flores, salmón, mango y aguacate (sexy, afrodisíaco, glamouroso…), una jarra con gintonic y arepas colombianas (friky, extraño, bueno…) o unos palitos de pan con queso para untar (badulake, fast food, non slow life…). Y todo al ritmo de conversaciones que conducían a conclusiones azarosas y divertidas. Rabbit hole, pura magia creativa. Una cena de esas que no se olvidan, que construyen y crean. Thanks darling por invitarnos!
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