

“Es como entrar en un Matrix!” ese es el comentario que al visitar la exposición dedicada al trabajo de Antony Gormley en el Antiguo Colegio de San Ildefonso -en el centro la ciudad de México-, me quedó marcado, provenía de un par de amigas que asistían en un recorrido contiguo al mío. Y es que, en una sala completamente oscura, y sucediendo a un camino de migajas de pan… eras sorprendido por una estructura que en realidad era alucinante, ya que alrededor de 20 armazones -simulando cajas superpuestas- te sorprendían haciendo que no distinguieras en primer momento que sucedía… porqué la obra que se encontraba frente a tus ojos se mostraba de un resplandeciente neón y simulando estar suspendida en el aire. En efecto… ¡era como una de las escenas de Matrix!
Fue así que, entre una sala tapizada de rebanadas de pan… un salón con hombres sobre mi cabeza y una estructura metálica por demás inmensa en uno de los traspatios del recinto, transcurrió otra más de las excelentes muestras que el museo siempre nos ofrece.

Antony es un artista inglés que ha usado su propio cuerpo como sujeto, herramienta y material, “Gormley ha revitalizado la imagen humana en la escultura a través de su investigación del cuerpo como un lugar de memoria y transformación” (pone esto de aviso la crítica especializada). Ha creado algunas de las obras más ambiciosas e icónicas de las últimas 2 décadas -Field, The Angel of the North, Quantum Cloud… Another Place… entre otras-. Y es que en realidad vale la pena comentar sobre la obra de Gormley.
¿Qué dices tú… te ha llamado algo la atención, coméntanos sobre tu experiencia?

Los chicos de Cruzcastillo presentan la exposición “Non-violencia” acompañado de una decoración especial que se hará en la tienda que no os podéis perder!
Nosotros vamos, ¿os apuntáis?
En la peculiar Lisson Gallery de Londres podemos disfrutar estos días y hasta el 16 de enero de la obra del japonés Tatsuo Miyajima.
El artista se caracteriza por la construcción de instalaciones que utilizan el LED digital como elemento principal formando una mezcla entre espectáculo y estructura arquitectónica.
Todas las composiciones están formadas por series numéricas del 1 al 9, nunca utiliza el cero. Como podéis ver en la foto, son formas geométricas u orgánicas que junto a la sucesión numérica establecen un ritmo repetitivo pero a la vez armónico.
A veces los números de color corren a una velocidad diferente, simulando un distino ritmo de acontecimientos naturales o el pulso de la vida de cada uno de nosotros. En definitiva, es una reflexión sobre el devenir de la vida.
Cada ser humano está constituido por más de 60 mil millones de células, lo que demuestra a cada instante el milagro de la de vida. Cada panel de LED, con su elemento que destella contando a la inversa desde el dígito 9 al 1, representa una celda. Como los números, que van de más a menos, surge una renovación cada vez que el ciclo de la vida nace y muere.
Tatsuo Miyajima identifica el cerebro como el centro de la vida, el elemento que identifica a un ser humano. Las agrupaciones numéricas representan la red de células de
donde la actividad de la sinapsis se lleva a cabo, en la transmisión de un pulso.
El Pile Up serie Life es presentada por primera vez en Europa. La observación de cómo los desastres afectan a gran escala a los seres humanos y la sensación de impotencia que compartimos en estas ocasiones sería un buen resumen de lo que nos encontraremos en esta exposición, un réquiem por las vidas perdidas en las catástrofes.

Desde hoy hasta el 2 de enero la Galeria Senda nos presenta la primera exposición individual en la galería del fotógrafo suizo Beat Streuli, dedicada a su último proyecto fotográfico en la bonita Barcelona.
Es uno de los principales exponentes de la fotografía contemporánea y un activo representante de un tipo de fotografía urbana de larga tradición. Viajando por las metrópolis del mundo desde hace quince años se dedica a documentar la presencia humana en espacios urbanos y retrata a gente anónima que pasea en la ciudad.
Las fotografías de Streuli muestran instantáneas aparentemente banales de individuos que se mueven por las calles de grandes ciudades, y que surgen de entre la multitud circundante y son capturados en situaciones rutinarias: paseando por la acera o simplemente cruzando la calle. Aisla sus sujetos de la muchedumbre para indagar en sus expresiones, gestos y andares. Sin nada más que una gran discreción, un teleobjetivo y sin voyeurismo alguno, el artista ha fijado instantes fugaces y suspendidos que extrae del flujo continuo de las personas.
Streuli fotografía al individuo en toda su singularidad, lejos de un análisis sociológico y ajeno a una intención publicitaria. Sus fotos de gran formato no nos muestran una sonrisa artificial y estática sino una actitud natural; esquivan la teatralidad y el espectáculo para acercarnos al gesto espontáneo y la atmósfera cotidiana. Streuli logra crear un retrato colectivo e individual a un mismo tiempo, que tanto sugiere el dinamismo urbano como revela la posición del individuo en la multitud. Pese a estar rodeadas y dirigidas por los ritmos de la ciudad, en sus fotos las personas parecen solitarias, absortas en sus pensamientos y, a veces, inexorablemente solas.
En su nuevo trabajo en Barcelona (ya en 1997 fotografió en el barrio del Raval) Streuli toma como escenarios la Plaça de Catalunya y la Rambla, el paseo público más emblemático de la ciudad, para referirse a la creciente heterogeneidad de la metrópolis moderna. Dentro de estas metrópolis, la mirada de Streuli capta no sólo a transeúntes de diferentes edades y orígenes, sino también medios de transporte, publicidad y piezas de mobiliario urbano, que en este caso permite reconocer símbolos, colores o espacios de Barcelona. Así, cada una de las imágenes es, a la vez, específica en la ciudad de donde proviene y totalmente universal en su nueva transcripción de la rica naturaleza multicultural de nuestra realidad ciudadana.



Tres exposiciones ineludibles para los amantes de la fotografía, especialmente del fotoperiodismo en estado puro. Y es que todas ellas exponen las fotografías que lograron capturar la mirada audaz y escudriñadora de sus autores sobre algunos de los acontecimientos políticos, sociales, culturales y deportivos más importantes de los últimos meses. Y no sólo eso, además logran emocionar al espectador. Imposible no salir tocado de Caixa Forum tras ver las imágenes del reportaje de Emilio Morenatti sobre la violencia de género en Pakistán. Sin dejar de lado tampoco el excelente documental de Gervasio Sánchez, experienciado reportero de guerra, sobre Camboya.



I make new art because I feel this is a new spatial adventure. To make new art, you have to make new space (Anish Kapoor 2009)
Sus esculturas son mundialmente conocidas, él es el maestro de las formas cóncavas y convexas, de los volúmenes extremados y de las superficies pulidas. Al entrar en el patio central de la Royal Academy de Londres nos da la bienvenida la instalación formada por esferas que reflejan como espejos todo su alrededor; una maraña de bolas se eleva sin orden alguno hasta llegar a los 15 metros de altura anticipando una muestra de lo que se encuentra en la mayor exposición creada del artista indio nacido en Bombay, Anish Kapoor (1954).
Una vez dentro, las obras ocupan casi por completo el espacio expositivo; en muchas ocasiones no se ha dejado un pasillo por el que atravesar la sala sino que el público debe sortear las piezas. Con ello el visitante se encuentra a una distancia tan próxima a la obra desde donde apreciar, descubrir y averiguar las propiedades y caprichos de cada material utilizado. Una de los elementos clave que singulariza la obra de Kapoor es el llamativo atractivo estético que desprenden sus obras no solo visualmente sino porque tientan a ser tocadas y acariciadas, rodeadas e inspeccionadas. Con la serie de estructuras geométricas hechas de espejo el visitante experimenta e interactúa con la tridimensionalidad jugando y retando las desproporcionadas dimensiones del espacio y forma que resultan del efecto óptico que éstas provocan.



Y mientras propone diferentes maneras de concebir, consumir y entender el arte, levanta y anima un barrio: Legazpi, que lo recibe con las manos abiertas. Y es que MATADERO no sólo pretende estimular la creación, ser sede de diferentes festivales, festivalines y conciertazos (esta semana estaba el SISMO, donde nuestros amigos de MAPAdejarón el pabellón bien alto con una instalación de grandes flechas naranjas) sino que se abre al barrio y al público masivo. Tiene una zona, el Terrario, donde además de té gratuito para todos, hay ordenadores, wifi y hasta un lugar para que tú o tus colegas de trabajo podáis ir a presentar lo que querías, ya que hay sofas, sillas y proyectores de libre uso. Además una zona con mesas de pinpon, grandes pizarras y ordenadores con juegos y demás aplicaciones de opensource.
Photography is a way of looking. You’ve either got it or you haven’t.
-Duane Michaels

Como cada principio de Julio he subido al coche que, sentado en una esquina debajo de casa, me gritaba ferozmente con claxon desafinado. Siete de la mañana / ojos aún semi-abiertos. En él, me esperaban los demás miembros del grupo que año tras año vamos desde Barcelona a Arles nerviosos y con cafés y croissants discutían mientras llegábamos a territorio Francés. Arles, tan encantadora como la recordaba, con sus bares tintados de sol, sus hoteles con encanto y sus calles de adoquines, nos saludaba con olor de despertar.
Después de recoger nuestras acreditaciones en el punto de información, nos dispusimos a emprender el recorrido. Una de los aspectos más fascinantes de este festival es que toma toda la ciudad se apodera de diferentes lugares rellenando sus paredes con fotografía. De esta manera, iglesias, antiguas estaciones de tren abandonadas, palacios, claustros, museos, galerías y espacios públicos, albergan las disímiles propuestas dándonos el gusto de ser por unos días intrépidos flâneurs de Arles.