
Empieza "la pasarela de Barcelona" en medio de ese caos que supone organizar unos desfiles que miran a un lado mientras el público sigue otro. El pistoletazo de salida viene de la mano de Teresa Helbig. La diseñadora catalana venía precedida de buenas expectativas, abriendo tres días donde se verán más de otros quince nombres y precediendo la recepción oficial por parte de la Generalitat (los que dan manga ancha al proyecto) de 080 Barcelona Fashion. En la cola se amontonan asistentes que rozan una elegancia parisina mientras otros no abandonan ese estilo urbano tan Barcelona, junto con el resto de instituciones de presencia obligada.

La pasarela empieza con los pasos de una Irina Lazareanu que con maquillaje sencillo y un tupe sobre una cola baja (como el resto de las modelos) pasea un resumen de lo que veremos. Un conjunto de tul claro rosa pálido con vuelo en los bajos. Y es que esta vez Teresa Helbig juega con faldas y movimiento (no veremos pantalones), beiges, rosas, grises, cremas y algún que otro blanco y todo ello en una puesta en escena poco coherente con lo que se luce. Suena una música rockera y unas visuales llenas de trazos en blanco en negro que esbozan imperdibles y calaveras con cresta.

Vemos desfilar gasas, tafetán y transparencias que dibujan vestidos y conjuntos donde la parte superior perfila las formas de la mujer en tanto que los bajos bailan y dan volumen, con flecos y volantes, a una cintura que empieza más arriba que de costumbre. Una esencia romántica, un estilo gótico destilado por los colores y la suavidad de los tejidos, crean una mujer femenina, poco rompedora que viene a recoger unas "punky dolls" muy muñecas pero poco punk.
